-Inmediatamente se acercó a Jesús, diciéndole: "Salud, Maestro", y lo besó.
-Jesús le dijo: "Amigo, ¡cumple tu cometido!".
-Entonces se abalanzaron sobre él y lo detuvieron.
-Uno de los que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja.
-Jesús le dijo: "Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere."

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La equidad en la caida, la idea del criminal ajusticiado, es solo el consuelo del desencantado, del derrotado que desesperadamente estira los brazos, esperando encontrar una respuesta, un escalón. Pero, aunque a ojos humanos la escena siempre carezca de "justicia", siempre/solo llega el bufón de turno y grita: "Amigo, lo hecho hecho está; que pase el siguiente". Esto siempre ha sido así, y cualquier escena de justicia divina que se instaure en un altar como una idea martir, no es mas que azar: ocurre lo que ocurre, como también lo que no ocurre.




